Dr. Carlos Pérez Mujica
Especialista en Diagnóstico
por Imágenes

El incremento en las solicitudes de estudios de imágenes, en especial de ultrasonidos, por parte de los médicos y de la población en general, ha originado un aumento substancial en la detección de lesiones tumorales -bien sean estas sólidas o quísticas-, en órganos tales como tiroides, mamas o hígado, accesibles por medio de esta técnica. La evolución que ha experimentado la medicina tanto en técnicas como en conocimiento, ha conseguido pasar de la identificación clínica por palpación de bultos en donde las cifras de detección oscilan entre un 4 a 7 %, hasta alcanzar casi un 98 % de asertividad en manos de un personal bien capacitado, haciendo de la ecografía un método altamente confiable.

La ecografía permite establecer diferencias entre un tumor y un pseudotumor, entre una masa sólida y una quística, permite precisar la ubicación y tamaño de las lesiones, precisar su número y sus contornos, establecer las relaciones estructuras vecinas (nervios, vasos sanguíneos u otras), pero también ayuda a comprobar la vascularización de las lesiones y hasta juega un papel determinante para guiar procedimientos de drenaje o de biopsias, permitiendo acceder al lugar preciso o más idóneo y que de otra manera sería muy difícil de estipular.

Todos los tejidos del cuerpo tienen una consistencia particular que eventualmente puede servir para identificarlos. Para estudiar estas transformaciones se ha desarrollado -entre otros procedimientos-, la elastografía, un método que consiste en adquirir imágenes a través de procedimientos ecográficos no invasivos que ayudan a determinar la rigidez de algunos tejidos u órganos del cuerpo. Esta técnica utiliza vibraciones de alta frecuencia que se envían hacia el interior del organismo con la finalidad de generar un mapa visual que demuestre la rigidez -o la elasticidad, según se quiera entender- de los tejidos.

El ultrasonido (Ecografía) es una técnica que puede generar, conducir, medir, captar e interpretar ondas vibratorias que se desplazan a través del cuerpo, creando mapas visuales de los tejidos y órganos demostrando la rigidez o la flexibilidad de los diversos elementos anatómicos.

La presencia de un tejido rígido dentro de un órgano generalmente es indicio de la presencia de una enfermedad. Estas señales pueden ser causadas por una acumulación de tejido fibrótico (cicatrizal) o por la aparición de cambios en las células de un tejido en particular, que pueden afectar severamente su función o que pueden generar cambios neoplásicos que deriven en padecimientos fatales.

La elastografía en algunos casos puede sustituir a las biopsias para evaluar la posibilidad de que exista una anormalidad en órganos como la tiroides, las mamas, el hígado, la próstata, músculos, tendones, etcétera, sin necesidad de acudir a introducir agujas en el cuerpo para obtener pequeñas muestras de tejido para su análisis histopatológico, dando información valiosísima para valorar cuan severa puede ser una enfermedad, y que a su vez permita tomar decisiones terapéuticas cruciales; también resulta de gran ayuda para monitorear la efectividad de un tratamiento, dependiendo de la respuesta que en el tiempo se obtenga con el mismo.

Debido a que la elastografía es un procedimiento no invasivos, este conlleva una escasa preparación del paciente. Además no se ha demostrado que el ultrasonido genere alteraciones, aún se recomienda no realizar estos procedimientos a menos que su uso sea justificado.

Para la elastografía empleamos equipos de ultrasonido; se utiliza una sonda o transductor que es un dispositivo portátil parecido a un micrófono bidireccional que emite y recibe ondas sonoras de alta frecuencia que son imperceptibles para el oído. El transductor envía ondas sonoras hacia los tejidos que al rebotar contra estos regresan aplicando los mismos principios del sonar utilizado en barcos y submarinos para guiarse durante sus travesías por el mar.

Para la realización del examen de elastografía, al igual que cualquier estudio de ecografía, se aplica una pequeña cantidad de gel en el área a examinar y se coloca allí el transductor. El gel permite que las ondas sonoras viajen de ida y vuelta entre el transductor y la zona de estudio; inmediatamente se genera una imagen por ultrasonido que aparece en el monitor del equipo. En base al volumen (amplitud), el tono (frecuencia) y el tiempo que le lleva a la señal de ultrasonido volver hacia el transductor, la computadora dentro del equipo crea una imagen detallada de los elementos que se encuentran debajo de nuestra piel.

A medida que las ondas sónicas rebotan en los diferentes órganos internos, fluidos y otros tejidos, el receptor del transductor registra cambios mínimos que se producen en el tono y dirección del sonido, permitiendo capturar en una o más imágenes estáticas (fotografías) o en videos cortos parte o todo el procedimiento.

Estos exámenes por ultrasonido son indoloros, así como rápidos y fáciles de realizar. Las vibraciones generadas son prácticamente indetectables y luego de finalizado el examen, el paciente puede incorporarse a sus actividades diarias inmediatamente.

Como con los murciélagos, el fundamento de la ecografía es simple, una onda acústica se emite, choca contra un objeto y rebota generando un eco, al medir estas ondas es posible determinar la distancia a la que se encuentra la estructura, así como su forma, tamaño y consistencia, discriminando si se trata de un objeto sólido o que contiene algún tipo de fluido. Así, los médicos aprovechamos estas cualidades del ultrasonido para detectar alteraciones en el aspecto y función de los órganos, tejidos y vasos, o para descubrir masas anormales como los tumores.

La elastografía entonces es un método de evaluación de la elasticidad del tejido, es decir que mide la respuesta de un tejido a la deformación provocada por una onda, bien sea esta acústica o mecánica.
El resultado del estudio se denomina elastograma y calcula globalmente la deformación relativa del tejido, mostrando la información producida dentro de una región de interés determinada por el especialista en diagnóstico por imágenes. Los pulsos de detección proporcionan información sobre el estado de deformación del tejido en un punto específico a lo largo del tiempo. Con esta técnica, se pueden diferenciar los tejidos duros y blandos, incluso cuando aparezcan mezclados con imágenes de características similares (en la escala de grises que se emplea) a las de los tejidos sanos que las circundan.

En definitiva, la técnica de imágenes de elastografía proporciona nuevos conocimientos que redefinen la forma en que evaluar y tratar algunas patologías tumorales, ofreciendo excepcionales maneras de observar los tejidos en una amplia gama de afecciones, ofreciendo una solución menos invasiva que otros métodos tales como las punciones o las biopsias.

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