Lcda. Verónica Martínez.
Nutricionista.
Especialista en Nutrición Clínica
y Metabolismo.

Te has preguntado¿Cómo el azúcar
mal-re-programa el metabolismo?

Esa sensación de cansancio a media tarde o después de comer, la ansiedad inexplicable por algo dulce después de almorzar o esa inflamación abdominal que parece no ceder, no son fallos de tu voluntad, sino el resultado de una alteración constante en la maquinaria interior de tus células. Como nutricionista, veo a diario cómo el azúcar y las harinas refinadas actúan como un interruptor que ‘enciende perpetuamente’ esos procesos de inflamación en todas las células calorías; se trata de cómo el exceso de estos dulces o harinas refinadas mal-reprograma el metabolismo, abriendo la puerta a enfermedades silenciosas como elhiperinsulinismo, triglicéridos elevados, obesidad, diabetes o la hipertensión.

En nuestra sociedad es bastante común que el desayuno incorpore algunos snacks o dulces como, por ejemplo: café con azúcar y pan, o cereal dulce con leche, o una tostada de pan con crema dulce de cacao y avellanas, o una empanada con un “juguito” de cartón o una malta. A veces solemos asociar solamente el exceso de azúcar con ese postre o café, pero el verdadero peligro reside en lo que se come a diario elaborado con azúcares o harinas refinadas. Además, en la industria alimentaria, el azúcar se presenta como un“Caballo de Troya”: entra en nuestro hogar disfrazado de pan integral, salsas etiquetadas como “fit”, yogures de sabores que prometen salud digestiva o jugos de caja que presumen de ser “naturales”.

Cada vez que consumimos estos azúcares procesados, sometemos a nuestro cuerpo a una montaña rusa hormonal -sube y baja la insulina constantemente, llamado hiperinsulinismo—. Al entrar el azúcar rápidamente en la sangre, el páncreas libera una descarga masiva de insulina para intentar controlarlo; esto genera un pico de energía artificial que desaparece casi tan rápido como llegó. Esa caída aparatosa —el famoso bajón— es la que nos hace sentir cansados, irritables y con una necesidad urgente de comer más dulce apenas dos horas después. Cuando repetimos este ciclo varias veces al día, durante años, nuestras células se agotan y dejan de escuchar la señal de la insulina. Es lo que conocemos como resistencia a la insulina, el primer paso silencioso hacia el desequilibrio en el peso que genera impacto metabólico.

Pero es que el efecto del azúcar va mucho más allá del peso. Cuando el cuerpo recibemás energía de la que puede usar o almacenar en los músculos —exceso de calorías—, el hígado toma el relevo y convierte ese exceso en grasa. Este proceso puede derivar en hígado graso, y en grasa corporal, pero lo más preocupante es lo que sucede después, con el paso de los años el tejido adiposo empieza a enviar señales de auxilio.

Esto genera inflamación de bajo grado, una respuesta de defensa del cuerpo que nunca se apaga. Esta inflamación es como un “ruido de fondo” que daña silenciosamente las paredes de las arterias y el tejido del corazón, convirtiéndose en el caldo de cultivo perfecto para enfermedades crónicas como la hipertensión y los problemas cardiovasculares. Elegir comida real no es solo una cuestión estética; es apagar ese incendio interno para proteger la longevidad.

Como nutricionista, sé que el cambio no ocurre de la noche a la mañana, pero sí a través de decisiones conscientes. No se trata de prohibir, sino de elegir conscientemente.

1. Elige comida real, elige alimentos que no necesiten etiquetas o prioriza aquellos que tengan etiquetas cortas y nombres que reconozcas.

2. El exceso de ultraprocesados ha anestesiado tus papilas gustativas, haciéndote creer que la comida real es insípida. Intenta reducir gradualmente el azúcar en tu café o infusiones durante una semana. Verás que, en pocos días, tu cerebro recupera la capacidad de detectar el dulzor natural de una fresa o una zanahoria. No estás renunciando al placer; estás redescubriendo el sabor real.


3. El impacto del azúcar en tu sangre depende de con quién vaya acompañado. Nunca comas un carbohidrato solo (como una galleta o un jugo solo).


Si vas a consumir algo que contenga azúcar o harinas, asegúrate de añadirle fibra, grasa saludable o proteína. Por ejemplo, una fruta con un puñado de nueces o semillas de linaza ralentiza la absorción y evita que tu insulina se dispare.

Tu salud no se define por lo que comes un día, sino por las decisiones que tomas en el supermercado cada semana.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acceder

Registro

Restablecer la contraseña

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico y recibirás por correo electrónico un enlace para crear una nueva contraseña.