La Osteocondrosis es el término usado para calificar el trastorno del desarrollo caracterizado por una alteración local de la osificación del “cartílago de crecimiento” en los extremos de los huesos, bien sean epífisis o apófisis, con necrosis (muerte del tejido óseo debido a la interrupción del riego sanguíneo). Este proceso puede ser subclínico y no necesariamente implica separación de fragmentos articulares. Es una enfermedad multifactorial, asociada a factores genéticos, vasculares y mecánicos (causa no del todo clara), y puede manifestarse en diferentes localizaciones según la edad y el hueso afectado. Es de tipo temporal, seguida de una fase de reabsorción del hueso necrótico y, finalmente, una regeneración ósea.

Mientras que la Osteocondritis (mejor conocida, como osteocondritis disecantes), es una forma avanzada de osteocondrosis en la que ocurre una separación del cartílago articular y el hueso subcondral, generando un fragmento osteocondral que puede quedar inestable o libre dentro de la articulación. Por lo cual siempre se asocia a síntomas articulares como dolor, bloqueo o derrame, y tiene mayor riesgo de complicaciones como artrosis precoz.


¿Por qué se genera la confusión?

La confusión surge por razones históricas. En el pasado, se nombraban las enfermedades según el médico que las describía (ej: Osgood-Schlatter), y los términos “osteocondritis” y “osteocondrosis” se usaban de manera intercambiable. Con el tiempo, y para ser más precisos, la comunidad médica ha ido adoptando “osteocondrosis” como el término paraguas y “osteocondritis disecante” para la complicación específica de la separación del fragmento.

Causas y Factores de Riesgo
La causa exacta de las onteocondrosis sigue siendo incierta, pero se considera una condición de etiología multifactorial, donde intervienen varios elementos.

· Microtraumatismos repetitivos: Es la teoría más aceptada. Las actividades que generan impacto repetitivo sobre la articulación, especialmente los deportes organizados como fútbol, baloncesto, balonmano y gimnasia, pueden generar pequeñas lesiones que dañan el hueso subcondral con el tiempo.

· Alteraciones vasculares: Se cree que una interrupción en el suministro de sangre al hueso (isquemia) juega un papel crucial, pudiendo deberse a espasmos vasculares, obstrucciones o lesiones en los vasos sanguíneos que irrigan el área.
· Factores genéticos: Existen estudios que sugieren una predisposición familiar y ciertas variaciones genéticas que podrían hacer a algunos individuos más susceptibles a desarrollarlas.

· Factores de riesgo demográficos:

· Edad: Es más común en niños y adolescentes entre los 10 y 20 años .

· Sexo: Los varones presentan un riesgo significativamente mayor que las mujeres .

· Obesidad: El exceso de peso corporal aumenta la carga sobre las articulaciones, elevando el riesgo, especialmente en rodillas y tobillos.

Los tipos de osteocondrosis reconocidos en la literatura médica se clasifican principalmente según la localización anatómica y el hueso afectado, ya que cada entidad tiene características clínicas y radiológicas propias. Los principales tipos incluyen:

– Enfermedad de Osgood-Schlatter: afecta la espina tibial anterior, típica en adolescentes activos, y se manifiesta como dolor e inflamación en la zona de inserción del tendón rotuliano.

– Enfermedad de Sever: involucra la apófisis del calcáneo, frecuente en niños físicamente activos, con dolor en el talón, especialmente durante la actividad física.

– Enfermedad de Legg-Calvé-Perthes: necrosis avascular de la cabeza femoral en niños, con limitación de la movilidad y dolor en la cadera.

– Enfermedad de Scheuermann: osteocondrosis de los cuerpos vertebrales dorsales, que produce cifosis juvenil.

– Enfermedad de Köhler: afecta el escafoides del pie, con dolor en el mediopié en niños pequeños.

– Enfermedad de Freiberg: osteocondrosis de la cabeza de los metatarsianos, más común en el segundo metatarsiano, con dolor en el antepié.

Estas entidades se diferencian entre sí por la edad de presentación, el hueso o apófisis afectada, el cuadro clínico y el pronóstico. Todas comparten una alteración en la osificación del cartílago de crecimiento, pero la localización y el mecanismo específico varían según el tipo. La mayoría son autolimitadas y responden bien al manejo conservador, aunque algunas pueden requerir intervención quirúrgica en casos persistentes o complicados.

 

Diagnóstico

1. Exploración física inicial: El especialista evalúa la articulación, palpa áreas de dolor, verifica la inflamación, mide el rango de movimiento y analiza la estabilidad ligamentaria.

2. Pruebas de imagen:
· Radiografías: Son usualmente el primer paso para identificar la lesión y su ubicación.
· Resonancia Magnética (RM): Es la prueba más valiosa. Proporciona imágenes detalladas tanto del hueso como del cartílago, permitiendo determinar el tamaño de la lesión, su estabilidad y la integridad del cartílago articular, factores críticos para decidir el tratamiento.

Tratamiento  


El objetivo del tratamiento es aliviar el dolor, promover la recuperación del cartílago y el hueso, y restaurar la función normal de la articulación. La elección de la estrategia terapéutica depende de la edad del paciente, la estabilidad de la lesión y su tamaño.

Tratamiento Conservador (No Quirúrgico)
Es la primera línea de tratamiento, especialmente en niños con lesiones estables (fisis abierta) Incluye:
· Reposo y modificación de actividades: Interrupción de deportes de impacto y actividades que provoquen dolor durante varios meses.

· Inmovilización: Uso de férulas, rodilleras o muletas para descargar la articulación y protegerla.

· Fisioterapia: Una vez controlado el dolor agudo, se implementan programas de ejercicios para mantener el rango de movimiento, estirar y fortalecer la musculatura periarticular, lo que proporciona estabilidad y previene la atrofia.

Tratamiento Quirúrgico
Está indicado cuando el tratamiento conservador falla después de 4-6 meses, en lesiones inestables, o en la osteocondritis disecante. Las técnicas varían según la lesión.

Recientemente, modelos en animales y estudios clínicos han documentado pérdida ósea aguda, adelgazamiento de la placa de crecimiento y aumento de la formación de osteoclastos tras la infección por SARS-CoV-2, lo que sugiere un mayor riesgo de alteraciones en la osificación del cartílago de crecimiento y, por tanto, de osteocondrosis, con respecto al COVID-19, aunque no existe evidencia clínica, que demuestre un aumento significativo de casos de osteocondrosis, post covid-19 se esperan por estudios longitudinales y multicéntricos que confirmen los efectos a largo plazo de dicha enfermedad.

 

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